Literatura

La literatura como fuente histórica: testimonios

 Afirma el profesor Jover, que el historiador busca en la obra literaria el testimonio vivo de una sociedad, la manifestación de unas creencias, de unas mentalidades que el autor refleja y frente a las cuales toma partido, bien directamente o bien a través de sus personajes. Los historiadores, en la actualidad, saben que el conocimiento que producen no es más que una de las modalidades de la relación que las sociedades mantienen con el pasado. En una conferencia titulada La. novela en la Historia, la Historia en la novela, Antonio Muñoz Molina afirma: ” El tiempo de la Historia se disuelve en las peripecias de quienes la viven sin intuir siquiera la significación de lo que está sucediendo: en esa confluencia entre el tiempo público y el privado establece su reino la novela. En el margen o en el reverso de las grandes épocas de los hechos históricos, urden sus vidas los personajes novelescos”

Dice Julian Marías que “la literatura y más concreto, la novela, es un recordatorio muy eficaz para los historiadores respecto a esa dimensión del pasado (y del presente) en la que lo imaginado y lo posible es tan historicamente relevante como lo acaecido y lo real”. Alejo Carpentier, describe, con su maestría acostumbrada, esta misma idea y nos refleja la indudable interrelación entre la novela y la historia de esta manera: ” .. .la función cabal de la novelística consiste en violar constantemente el principio ingenuo de ser relato destinado a causar placer estético a los lectores, para hacerse instrumento de indagación, un modo de conocimientos de hombres y épocas, modo de conocimiento que rebasa, en muchos casos, las intenciones de su autor“.[1]

La obra literaria no es un hecho aislado, es un reflejo, consciente o inconsciente, de la situación social, económica y política de un determinado momento histórico. El escritor no vive aislado sino integrado en una sociedad por un sinfín de nexos y relaciones. Además, no es sólo escritor, es otras muchas cosas; y su vida, como la de cualquier ser humano, se nutre del forcejeo entre la afirmación de su propia individualidad y las trabas que en los usos sociales encuentra para lograr esa individualidad. Por eso, la obra literaria está históricamente condicionada, en la medida en que toda sociedad es, por su misma esencia, histórica; y el componente socio-cultural actúa como ingrediente de la concepción artística. Giner de los Ríos llama la atención sobre el valor de la literatura como instrumento para averiguar la caracteriología de un pueblo, piensa: que el historiador puede y debe servirse de la producción literaria como de insuperable guía para explorar la recóndita intimidad de un momento histórico; la que no nos suele proporcionar la historia política.

Dentro de la literatura, el género que aporta datos más valiosos es, sin duda, la narrativa. El texto narrativo, como refrendo de una realidad social, nos proporciona datos valiosos y detalles imposibles de encontrar en otro tipo de documento histórico. El autor de una novela, cuando refleja en su relato la sociedad que le rodea —si el argumento se desarrolla en momentos coetáneos o cercanos a los de su creación- es un testigo de su época; testigo que nos transmite, junto con la representación de la realidad, un conjunto de problemas que va a expresar, influido por sus propias circunstancias sociales o ideológicas. El proceso de socialización que a lo largo de su vida sufre el escritor influye, desde luego, en el tratamiento dado a su novela. De aquí, que el historiador debe conocer la biografía del novelista -ascendencia familiar, educación recibida, situación personal, amigos-, los elementos culturales de la sociedad en que está inmerso -valores, modelos, símbolos-, así como las corrientes ideológicas o la mentalidad de su grupo de pertenencia, ya que todo ello va a conformar su expresión artística en un determinado sentido. Es decir, la novela no sólo da testimonio de una realidad, sino que los acontecimientos históricos de la época influyen en el autor de dicha obra; y ésta, a su vez, sirve de instrumento de denuncia y crítica de la sociedad de su tiempo.[2]

[1] La literatura como fuente histórica: Benito Pérez Galdós de María Luisa Lanzuela Corrella (UNED, 2000)

[2] La literatura como fuente histórica: un largo debate para un caso práctica de Enriqueta Vila Vilar, 2009

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